martes, 29 de octubre de 2019

lunes, 28 de octubre de 2019


Pero qué carajo importa 
si mis versos tienen rima, 
si hace rato perdí el cuidado 
por la estética y la palabra fina. 
Si el ascensorista viejo choto
el que me charla del clima 
me provoca mucho más
 que la serpiente Serafina. 
Vaya otra vuelta e’ rima
 pa’ mis compadres los del navío 
que yo soy porteño de buena leche
 y amigo de mis amigos.
Vaya otra vuelta e’ copa
 pa’ to los bichos del rancherío 
que hoy hay vino carne e’ culebra
 en la parrilla de don Rodrigo. 

viernes, 25 de octubre de 2019

Mi palabra

Y si me palabra no vale,
¿valen acaso mis versos?

¿Vale decirte acaso
que el reflejo de tus ojos
es sosiego para mi alma acalambrada,

que te extraño tanto que no sé cuándo es de noche y cuando mañana,

que me oculto hasta de mí cuando digo
que ya fue, no era ella, será otra la paisana?

Bien,
mal,

Yo te quise de verdad.










También de tu rulo rebelde

Sé de tu carácter fuerte,
de mis días largos,
de tus pies fríos a la noche.

Supe saber lo que es tenerte
y calentar tus pies fríos a la noche.



Sé qué es punchar en el café,
y poder mirar la luna 
sé del hormiguero que picaba en el pañal
de tus pies fríos a la noche 
y de mis días largos 
 


















jueves, 24 de octubre de 2019

Idilio

El silencio de tu sepultura

me dió tantas rimas
como se me antoje tener.
Me dió también coraje
y una voz para beber.
Ahora que soy un hombre,
no me desespera una mujer.

Lo que vale mi tesoro
solo pocas podrán ver
guardaditas en un oro
tras un cofre tras mi piel.
Para ostras solo hay cobre
y tonteras de papel.
Para vos,
el mar,
la dicha.
Tu ángel,
mi pincel.



Suricatas

En el jardín
no solo hay pañales con papilla
y llantos de arcilla.

También hay artistas tímidos
y maldades que se asoman.

El juego es un baile:
la danza del primerísimo amor,
la primerísima vergüenza.

Vos, la directora de la orquesta.

Las chicas te admiran,
imitan tu compás.
Los chicos se encandilan,
ya se olvidan de mamá.

Quién pudiera ser un niñito más,
para poder besar a la seño.



La chica de los jueves

La chica de los jueves
me sonríe desde el colectivo.
Yo miro un poco su escote,
sus apuntes, su abrigo.
Anda buscando una sombra
que la cubra del rayo del sol.
Anda pensando otra cosa,
¿Quién sabe por qué suspiró?

Vos también tendrás
un chico que te sonría desde el colectivo,
que busque a tientas tus ojos,
y parezca hacerse el distraído.

Pero nena,
este desierto
te seguirá quemando.




miércoles, 23 de octubre de 2019

Lo que podrás encontrar

Podrás encontrar 
el sudor de mil hombres en tu carne y tontos con sabor a cigarrillo.  Podrás encontrar flores de alambre, tinchos en enjambre, chiquillos.  Podrás incluso encontrar algún amor de primavera, algún príncipe naranja que más o menos pinte tu acuarela.  No podrás encontrar un poeta maldito que vomite versos sin miel por velarte. 
 Yo por mi parte me buscaré otra espina sin rosas. Mientras viva, vivirá mi prosa: soy como el agua correntosa.

lunes, 21 de octubre de 2019

Un libro que tiene muchas cosas que pasaron en mis sueños, porque nuestras almohadas están separadas pero se encuentran a la noche.

domingo, 20 de octubre de 2019

Impresiones violentas

  A media mañana 
la pesadilla 
me obligó a despertarme

en ella me partía 
tu flor se había entregado
cinco veces
como el témpano que cae 
y rompe contra el mar

mi viejo yo era todo y gritaba
 me rasgaba la garganta

puteaba

lloraba


sábado, 19 de octubre de 2019

Bananas

Sábado. 3:34. La previa. 

tantas caras caras
almas lavadas
las taradas charlan
mata tanta falsa gala

cataratas de nada



viernes, 18 de octubre de 2019

Texto carente de poesía para recordar todos los días

Colectivo 113. Miércoles 7:35. Iba proyectando una vida.
No te sientes nunca
en la mesa del traidor.
Llená tu panza de comida
y tu pecho de notas.
No la llames.
No te quedes quieto.
Buscá el punto medio.
Sé obstinadamente vos mismo.
Los amores los traerá el viento.

No la llames. 
No te quedes quieto. 



miércoles, 16 de octubre de 2019

el elefante

Recuerdos de una tarde tanguera y lluviosa en el barrio de Villa Santa Rita

Esconderé mi llanto de la gente,
esconderé tu encanto de mi mente.

Y si la pena me pesa
como un elefante
voy a dejarlo pisar.

Ando hecho un Alfonsina
o un Dolina que va transmitiendo
un programa de humor tragicómico
para un par de machos tristes.



lunes, 14 de octubre de 2019

Resumen

mujer de secretos
hombre de promesas

Amor atormentador

sos
el olor del pasto a la mañana

soy
un poeta que estaba dormido
esperando un río de versos tristes

fuiste
la forma más bonita de perder mi tiempo





lunes, 7 de octubre de 2019

domingo, 6 de octubre de 2019

Me oigo

Me oigo, doctor, me oigo
y veo si me lo dispongo:
veo una flor marchita
secándose al sol.

Me odio, mi amor, me odio
Siento el calor si respiro
¿Y vos quién sos?
¿De quién es este color?

Mi mar, tu mar.
Mi sal, tu sal.

Y una amargura que no se quita con nada.

Cultivaré mi jardín,
dejaré que florezcan
las cosas hermosas
de mí,
de ti,
de todos los demás.

Flor,
Sol,
Dios
se levantó una mañana y te creó como sos.
Eso sos.

Pendencieros

Esto es una canción. La escribí apenas me levanté, al otro día de la última pelea en casa. Tengo que decir que yo no me siento identificado con gran parte de la letra.

Esa pelea no fue una más, fue distinta.

Al despertar, estaba confundido. Entraba el sol al departamento. Ni el porro más grande podía sacarme el calambre del alma. Pepina me miraba.


Peor que el amor, mejor que la costumbre,
yo ando perdido y sin rumbo
por un callejón de pétalos y perros sin un dueño.

Mi cama deshecha y las tucas en el cenicero
son prueba fehaciente de mi depresión.
Pero no, no voy a llamarte, ¿sabés?

Prefiero quedarme durmiendo,
cerrando todas las cortinas,
acobachado en la esquina,
escapando del sol.

¡Maldita perra pendenciera!

El dulce sabor de tu boca
y tu piel de algodón
me cortan,
o eso parecieran decir
las canciones bonitas escritas,
mi llanto de niño enjaulado,
la casa vacía, la comida fría
y tus valijas en el comedor.

Pero no, pero no voy a llamarte ¿sabés?
Prefiero quedarme fumando,
mirando al perro y pensando
que la vida no vale la pena
si es poco el vivir.

Desde que te fuiste le recé a todo los dioses,
busqué la luna nueva
entre las nubes que descoses.
Busqué entre las estrellas la sonrisa de tu flecha,
busqué entre mis amigos un consuelo para mi alma maltrecha
y no pude encontrarlo,
pero encontré algo mejor:
saberme más maduro por el fruto del dolor.

Ay, ¡qué pena!
Terrones de azúcar
cayendo al fondo del café
Ay, ¡qué pena!
Penita tan negra y amarga
como el fondo del café.

Maldito perro pendenciero.


El mar

Era de noche.

Desperté en medio del mar.
Me rodeaban el cemento, y más allá, las olas.
El viento tiritaba lloviznas,
mi muelle destemplado

como el vapor helado que sale de tu aliento en el invierno.

¿Qué frío era más frío?

El ensueño, un silbido en la vigilia.

Perdurado,
latente,
maldito.

La luna

La luna, un espejo.

Mi espíritu se crispa
si me atrapa su destello
mirándola despacio.

Ya no queda polvo, ni espacio, ni bramidos
solo bruma
y el aire que respiro

mirándola despacio.

¿Qué importa si se esconde tras la luz del mediodía?
La noche va latiendo, se derrama en mi poesía.

¿Qué importa si me corta con el filo de los días?

El sudor no se me enfría.

Te veo en el espejo
mirando despacio
adentro tuyo
adentro mío.

La ternura que ya fue

Tengo una perla
guardada en una caja de madera
al fondo de un hondo pasillo
con cipreses, primaveras

Tiene un candado oxidado
que brilla, también tintinea

La llave

va cayendo:



Mi agua,





Tu arena.

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Ya me avisó mi psicólogo que si sigo así me voy a volver loco Aprendimos a odiarnos