jueves, 24 de octubre de 2019

Idilio

El silencio de tu sepultura

me dió tantas rimas
como se me antoje tener.
Me dió también coraje
y una voz para beber.
Ahora que soy un hombre,
no me desespera una mujer.

Lo que vale mi tesoro
solo pocas podrán ver
guardaditas en un oro
tras un cofre tras mi piel.
Para ostras solo hay cobre
y tonteras de papel.
Para vos,
el mar,
la dicha.
Tu ángel,
mi pincel.



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