Era de noche.
Desperté en medio del mar.
Me rodeaban el cemento, y más allá, las olas.
El viento tiritaba lloviznas,
mi muelle destemplado
como el vapor helado que sale de tu aliento en el invierno.
¿Qué frío era más frío?
El ensueño, un silbido en la vigilia.
Perdurado,
latente,
maldito.
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